Toda mentira es una verdad encubierta. Y cuando llegamos a ella, revelamos sin sorpresa, otra mentira aún mayor, o en el mejor de los casos, que no hay sólo una verdad absoluta. Eso depende de nuestra perspectiva. Durante el proceso escénico de: “La noche que Sandro saltó el tapial de casa”, los protagonistas padecen la premisa de toda criatura efímera: no pueden sostener por un holgado período ni una mentira ni una verdad. Ambas caen a pl...